Categoría - La Catedral de Sigüenza

La Catedral de Sigüenza (III)

Con este artículo terminaremos nuestra visita a la espléndida Catedral de Sigüenza. Hay que disfrutar de la belleza y la singularidad de la llamada sacristía de las Cabezas, una estancia de grandes dimensiones, profusamente decorada en todos sus paños y bóveda. Posee grandes medallones en los que se representan bustos de sibilas y profetas, separados por pilastras que se rematan en capiteles.

La gran bóveda de medio cañón sobresale por sus rosetones en los que hay talladas cabezas humandas, todas diferentes, con la maestría y la expresividad que proyectó su diseñador, Alonso de Covarrubias. En total, hay 304 cabezas que representan al Papa, al emperador, cardenales, canónigos, figuras relevantes de la ciudad y otros personajes de la época.

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La Catedral de Sigüenza (II)

El interior de la Catedral de Sigüenza es oscuro, muy típico del arte cisterciense poco amigo de los grandes ventanales del gótico avanzado. Tres naves componen la planta, la central más alta que las laterales, sostenida la estructura por pilares con columnas adosadas que se resuelven en lo alto en los nervioso de las bóvedas ojivales.

El coro en el centro de la nave principal le da el carácter ibérico a este gótico francés y el crucero se ilumina por una linterna que es la aportación de nuestro siglo, en la restauración realizada tras la Guerra Civil.

Alrededor de las naves se abren las numerosas capillas y dependencias que, siguiendo la visita guiada por el campanero, por la izquierda y a partir de la entrada principal, destacan varios lugares imprescindibles.

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La Catedral de Sigüenza (I)

Indudablemente el monumento señero de la ciudad es su catedral, iniciada en el año 1123 por su primer obispo Bernardo de Agen, al poco de ser conquistada la plaza a los árabes. Para visitarla es necesario acudir al campanero que es el encargado de guiar a los visitantes con precisas explicaciones durante la hora aproximada que dura el periplo. Se encuentra en la plaza del Obispo Bernardo.

La obra arquitectónica se prolongó en sucesivas etapas hasta el siglo XV y en lo ornamental hasta el XVIII. Durante la guerra civil de 1936-1939 sufrió importantísimos daños, realizándose después una ardua labor de restauración y reconstrucción.

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